Hay quienes piensan que ser impecable es ser perfecto y eso no es así. La impecabilidad consiste en “hacer, lo que sea que estemos haciendo, lo mejor que podamos”. No es de otra manera, y eso nos posibilita actuar sin miedo a la culpa y haciéndonos responsables de todo lo que emprendemos. Si no nos resulta, o no obtenemos los resultados que esperábamos, es sólo porque “eso” no es para nosotros o lo único que ocurre es que "no tenemos dedos para ese piano”. Pero a lo mejor estamos hechos para el violín y por eso no obtenemos los resultados esperados. Entonces ¿Por qué no probamos con el violín? Si ponemos atención al comportamiento de la gente nos daremos cuenta que, en su gran mayoría, están intentando tocar el instrumento equivocado, ya sea porque está de moda o porque apareció en la publicidad. El hombre, y la mujer, impecables van directo a conseguir sus propósitos. Los otros se encontrarán, siempre, con las puertas cerradas o con el mal llamado fracaso.
Atención, entonces, a la impecabilidad. Debe ser la rectora de tu quehacer.Si es así ya estás en La Praxis.